Razones para no estudiar medicina

Decir que quieres estudiar medicina (o que ya estás en ese camino) te coloca en una posición de respeto.

Muchísimo respeto.

Seguro que tienes la fantasía de lucir un mandil blanco sobre tu uniforme, con tu estetoscopio Littmann y tu Anatomía de Netter bajo el brazo.

Sin embargo, la vida es más dura que lo que pintan las fotos de tus mayores en Instagram. En el caso de la medicina, conviene recordarlo antes siquiera de pensar en esa carrera como opción de futuro.

El gremio médico, con su prestigio, su glamorosidad y todo, requiere de una vocación muy específica: la de atender pacientes en un hospital. Necesitas esa vocación para aprobar la carrera y sacarte el título, aunque después te dediques a la radiología o a la bioinformática.

En este artículo te voy a dar algunas razones para que te lo pienses más de una vez.

Quiero ser támbler

Una de las razones que más influyó para decidirme por el camino de la medicina fue mi deseo de juntarme con chicas kawaii, bibliófilas y altas.

Al tener notas de ingreso elevadas, supuse (correctamente) que la carrera atraía a la mejor clase de gente con la cual podría asociarme: niñas y niños juiciosos con los estudios, con la ilusión de aprender sobre los misterios del cuerpo humano, que vistiesen uniformes de color blanco impecable y cuyas palabras hicieran felices a las personas de todo estrato social.

Quería (y todavía quiero) alternar con personas así.

Sin embargo, si el verte támbler y hacer vida social es tu única motivación para estudiar medicina, te llevarás un chasco del tamaño de la luna cuando te toque ir a los hospitales, los pacientes te vean con tu uniforme planchado y comiencen a exigirte respuestas ante problemas para los que ni te prepararon en la facultad ni sabes cómo improvisar una solución ni crees que sean tu asunto.

Leer testimonios y tomarte fotos es fácil, pero el camino de la medicina es muy duro. La Carta de Esculapio a su hijo describe muy bien lo que te tocará enfrentar en el mundo real de hospitales y prácticas. Quienquiera que la escribió sabía muy bien de lo que hablaba.

La única forma de saber si podrás soportar esa vida es pasando una semana (o un mes) haciendo guardias. De hecho, ni siquiera deberías esperar a ingresar: aprende a medir los signos vitales, practica tu caligrafía y pídele a una amiga que te lleve a practicar al hospital. Hay muchas cosas que se entienden solo cuando hablas con pacientes, llenas papeles a toda prisa y llevas muestras a los laboratorios. También te darás cuenta de las connotaciones (y riesgos) que tiene el ir por la vida con un mandil blanco.

Si solo te interesan las fotos, pídele a esa amiga que te preste su uniforme y sus libros para Halloween. O ahorra el equivalente a un sueldo mínimo y vete de compras. O dedícate al instagrameo, o al modelaje.

Si solo te interesa la vida social, te tranquilizará saber que la mejor gente que te puedes encontrar en cualquier carrera es la que participa en actividades y eventos extracurriculares, así que siéntete libre para escoger cualquier otra cosa y aprende a hacer contactos que valgan la pena.

Quiero estudiar un montón

Si eres una devoralibros, en medicina saciarás tus ganas de estudiar algo complejísimo y difícil. Ser médico exige conocer al detalle la estructura y la función del cuerpo humano, así como sus posibles alteraciones en presencia de fármacos, microbios u otros agentes. ¿De qué otra forma, sino, vas a convencer(te tú primero para convencer) a una madre primeriza, de ascendencia shipiba, de que las vacunas son seguras y útiles?

Toda esa información viene en libros que superan las mil páginas. Por todo lo que hay que conocer antes de salir al campo, esta es una de las carreras con mayor duración: entre seis y siete años para obtener el título de medicina general.

Incluso así, es posible que no halles las respuestas a todo. Por ejemplo: siempre quise que me explicaran qué tiene que ver el frío con las enfermedades respiratorias, o las bases fisiopatológicas del mal de ojo, o por qué funcionan (o no) las frotaciones y hierbas de las abuelas. Son temas para los que, sí, existen libros, pero no suelen ser de los que se estudian para aprobar porque no vendrán en el próximo parcial, aunque igual tienes que saber algo de eso porque la misma gente te lo preguntará.

El idilio solobibliográfico terminará el día que estés ante tu primer paciente (tercer o cuarto año) y tu docente de prácticas te pida que evalúes los signos meníngeos, por más que sea un examen innecesario para el caso y los familiares te miren con cara de qué es esa mamada.

El propósito de aprender tanta fisiología y farmacología es que, llegado el día, tengas suficiente información para intuir tus primeros diagnósticos y planes de tratamiento para pacientes con enfermedades reales. Con ese fin, los primeros kata que practicarás en el hospital son la anamnesis (preguntar) y el examen clínico (observar, tocar y medir).

Para aprenderlos, nada mejor que ir a preguntar a los mismos pacientes en el hospital, ¿no? La mayoría te regalará sus datos personales y los de su enfermedad. Hay otros que incluso se dejarán manosear, sobre todo, si es delante del docente. Asumo que lo hacen por puro aburrimiento, o porque los acompañantes creen que botar a tantos intrusos es faltarle el respeto al doctor. Los estudiantes no suelen intervenir en el tratamiento hospitalario hasta el internado, pero sí suelen traficar casos clínicos con sus pares.

La medicina no es una carrera que se apruebe solamente con estudiar los libros ilustrados. Yo superé bien los tres primeros años de ese modo, pero la práctica clínica es otro cantar, y relacionarte con pacientes es algo que ya deberías disfrutar y manejar con fluidez sin esperar a semiología (ni a ingresar).

Si te asquea (o te da reparo) examinar a una abuela de noventa años, o si sufres cada vez que intentas explicarle a un abuelo los cinco medicamentos diarios que tiene que tomar mientras la hija dice para sus adentros que esas pastillas genéricas no sirven para nada… o aprendes a manejarlo (que para eso tendrás varios años) o lo dejas.

Quiero ayudar a la gente en problemas

Ah, ¿sí? Yo también. Fue una de las razones (políticamente correctas) por las que elegí estudiar medicina, y también un buen motivo para salir de ella.

Mejor comienza por definir qué quieres decir con «ayudar a la gente en problemas».

Hay gente que cree que dar una moneda a un mendigo ya cuenta como «ayuda». Hay gente que cree que usar hashtags, compartir fotos sensibleras y hacer cadenas de oración ya cuenta como «ayuda». Hay gente con problemas legales, financieros y amorosos que ni te cuento.

Si lo que quieres es ayudar a la gente con riesgo inminente de morir, haz un curso de socorrismo e inscríbete en la Cruz Roja o en una estación de bomberos.

Si lo que quieres es ayudar a la gente que sufre debido a su enfermedad (o a sus familiares, que solo pueden observar con impotencia), dedícate a la asistencia social o inscríbete en un voluntariado hospitalario.

Así, en el fragor de la acción, ayudarás a más personas que sentada en un escritorio, escribiendo recetas a toda prisa y evadiendo turnos y guardias para dormir más horas.

Haz eso primero (o, mejor, hazlo en un hospital de referencia), y ya me dirás si te encanta o no.

Además, si complementas esa experiencia con lecturas de fisiología, farmacología y medicina interna y pasas tiempo relacionándote con los médicos, enfermeras y demás personal (desde la directora hasta el vendedor de golosinas), tendrás más experiencia de primera mano para decidir si eso es lo que quieres hacer durante los próximos cuarenta años de tu vida.

Los médicos, por lo general, ayudan a calmar dolores y malestares de origen ignoto para la mayoría de las personas. Aunque su labor es valiosísima, no pueden hacer mucho por tus problemas económicos, académicos, de violencia doméstica, existenciales, etc. No les corresponde ayudarte a buscar financiación para pagar el hospital. Algunos harán buenamente lo que pueden, pero has de saber que el entrenamiento específico que se recibe en medicina está orientado a la sanación de males físicos en un contexto hospitalario, no al manejo de conflictos familiares.

Define qué tipo de problemas quieres aprender a solucionar e indaga qué profesional está en mejor posición para atender tales o cuales situaciones. Quizá tu verdadera vocación se encuentra en la psicología, el derecho, la consultoría, la política o la ciencia.

Quiero independizarme lo antes posible

La medicina es una de esos profesiones para las que, en tu afán de interiorizar sus kata básicos, deberás invertir muchísimo tiempo. De hecho, la mayoría de personas que conocí que tenían éxito en la carrera (se dice: notas superiores al promedio) eran niñas y niños de su casa, que sabían que contaban con el respaldo de su familia. Y créeme que el que te esperen cada mañana con leche caliente y cada noche con la cena servida no es un detalle menor.

Si por alguna razón sientes que tu familia es disfuncional, será difícil aceptar cualquier apoyo de ellos. Si consideras que deberías independizarte lo antes posible, tendrías que dejar de estudiar medicina por un par de años (u optar por otra carrera desde el comienzo) para dedicarte a la actividad más rentable de trabajar o montar una empresa.

Estudiar medicina es, casi siempre, garantía de ser una mantenida hasta que te vayas al servicio rural. Esto es lo que te espera al salir del colegio:

  • La competitividad para ingresar es altísima. Te tomará de cero a dos años de preparación en academias y, quizá, algunos chascos. No tengo pruebas de ello, pero los rumores de gente que ingresa pagando bajo la mesa son comunes.
  • Pasarás seis años en las aulas, con horarios irregulares en muchas ocasiones porque dependen de la hora a la que tu docente puede escaparse del hospital. Los primeros tres años suelen ser de ciencias básicas y preclínicas; a partir del tercer o cuarto año, también irás a las visitas matutinas y a las guardias nocturnas de los hospitales y tu formación pasará a ser propiamente clínica.
  • Como en cualquier carrera, deberás presentar monografías, exposiciones y trabajos de investigación, rellenar informes de prácticas, hacer reportes de caso y estudiar para los exámenes, todo con plazos que te parecerán cada vez más cortos para la perfección que se te pide.
  • Luego llega el año de internado (de enero a diciembre); si tienes notas altas y según los convenios de tu universidad, podrás elegir una plaza remunerada que, de todos modos, no alcanza para vivir bien. Si quieres más plata, tendrías que postular para una plaza de EsSalud. Sí, como un examen de admisión (donde tienes que estudiar y hay academias y todo).
  • Para obtener tu título de médico cirujano, además de aprobar tus años de universidad y de internado, deberás acreditar el dominio de una lengua extranjera o nativa, presentar un trabajo de investigación Y presentar la tesis. Además, otro requisito indispensable para comenzar a trabajar es adherirte al Colegio Médico.
  • Tienes cuatro meses para hacer todo eso y llegar a tiempo para acceder al sorteo para el servicio rural, que dura un año (de mayo a abril), si bien también es posible comenzar en octubre. ¿Por qué el apuro? Porque los exámenes de especialidad se toman en junio, y haber completado esta etapa te añade puntos.
  • El campo laboral para un médico generalista es poco prometedor (suele limitarse a la atención primaria), por eso, muchas optan por estudiar una especialidad clínica o quirúrgica adicional de tres años.

Asumiendo que no repites ningún curso, que ingresas en quinto de secundaria y que seguirás el camino mayoritario de la especialización, recién a los 28 años podrás afirmar que estás lista para buscar trabajo y salir del nido.

Por supuesto, se puede ganar dinero durante la carrera: dictando clases y talleres de ciencias básicas, inyectables y suturas; redactando tareas e informes de otros ciclos; u ofreciéndote como encuestadora o analista de datos para una tesis.

También podrías trabajar en el verano cosechando uvas o empacando espárragos, pero ¿es esa la forma idónea de pasar las vacaciones? Como dicen las madres, tu única preocupación durante tus años de carrera debería ser estudiar[, no el ganar dinero para irte de casa]. En todo caso, podrías aprovechar el verano haciendo (e interpretando) ecografías en la clínica de tu tío, o llenando historias clínicas en un hospital, ¿no crees?

Quizá puedas conseguir que tu familia te financie el cuarto frente a la facultad y las desparcializaciones con tus amigas pero, oye, eso no es ser independiente.

Quiero ganar mucho, muchíS/imo dinero

Mejor dedícate a algo más fácil y lucrativo. Postula a una carrera que te dé muchísimo tiempo libre y aprende a montar algo por Internet; quizá así, a los veinte, tengas un sistema que te permita pagarte un cuarto de 2 × 2.

Vale, el salario en medicina suele ser superior al de otros trabajos «normalitos» como la carrera pública, el microemprendimiento, la asesoría de venta o las tareas fabriles.

Eso sí, ten en cuenta que la jornada laboral exige estar a cargo de cuarenta o más personas al día, con horarios extendidos y guardias nocturnas. Como en casi cualquier otro trabajo asalariado, tus horarios, días de descanso y vacaciones se deciden desde arriba; anda viendo a quiénes aceitarás y busca un sofá cómodo para dormir durante las guardias.

Es verdad que ganarás un salario superior a la media nacional, pero quizá te parezca poco por todo el estrés que te tocará soportar y por todos los años que pasaste adquiriendo conocimientos especializados de diagnóstico y tratamiento. Las quejas por acoso y explotación son comunes en el sector, y si te falta carácter y recursos, acabarás siendo la comidilla servil y sexual de tus superiores, que tienen tu nota y tu puesto en sus manos. Debido a la presión de un ambiente tan jerarquizado, competitivo y cegado por el juego del poder, una de cada cinco estudiantes y profesionales acaba quebrándose y quemándose en algún momento de su carrera.

Es por eso que quizá salgas a las calles a pedir aumentos a los ministerios, o necesites trabajar en la docencia y el sector privado (y cargarte todavía más horas), o aceptes beneficios de las farmacéuticas que te invitan a recetar sus medicamentos.

Si quieres más ingresos dentro de la medicina, podrías especializarte en anestesiología u ortopedia, o montar una clínica. Si quieres más libertad, podrías llevar tu profesión a la nube y ser la Manuel Antonio Fernández de los Andes, o volverte una estrella de YouTube como el Dr. Veller y dictar charlas por los cuatro suyos, o simplemente optar por otra especialidad fuera del entorno asistencial.

Por supuesto, nadie quita que podrás tener una vida de clase alta y un círculo social interesante… pero, vamos, si tu principal motivación para estudiar medicina es la económica, tienes otras formas de alcanzar esa meta sin pasar tantos años por la universidad. Es más, si tu motivación es el ánimo de lucro, harías mejor si estudias cómo se genera el dinero y cómo se conserva, no farmacología ni neurocirugía.

Quiero trabajar en un hospital

Vale, alguna vez también quise estudiar medicina para aprender a trabajar en un hospital.

De hecho, justo cuando decidí que pondría todo mi empeño para ingresar a la facultad, se estrenó la primera serie médica peruana: Clave Uno: médicos en alerta. Apenas me perdí algún capítulo de la primera y la segunda temporada; juro que ver todas esas historias de pacientes y hospitales me tenía re-motivado.

Si de eso se trata, evalúa también las carreras de enfermería, obstetricia y psicología. También puedes dedicarte a la odontología, la fisioterapia, la nutrición, la imagenología, la asistencia social o la administración.

La formación en «ciencias de la salud» es similar, sobre todo en los primeros años. Todas van a estudiar la misma anatomía, fisiología y bioquímica del mismo ser humano.

Que la formación en medicina sea más profunda (?) quizá sea síntoma de que se subestima a las demás áreas. Si tu enfermero ignora el concepto de concentración inhibitoria mínima, ¿cómo le vas a convencer de la importancia de vigilar la dosificación de los antibióticos? El que tu enfermera solo lave heridas y no se dedique a coser (o quizá lo haga mejor que muchos «cirujanos» por ahí) no es excusa para que ignore las relaciones entre las estructuras anatómicas comprometidas en una lesión.

Aprende las siete diferencias entre todas las profesiones y especialidades, y cómo las normas técnicas favorecen (o entorpecen) su interrelación en el sistema de salud. A veces se echa en falta algo de confianza mutua y una formación unificada para todas estas profesiones, para evitarnos discusiones estúpidas como el lío de los médicos con las obstetras.

Quiero dedicarme a la investigación

Hay otras carreras donde puedes desarrollar tu vocación investigadora, según la rama que te haga más ilusión.

Por ejemplo, la biología es una de las carreras más completas (y más fáciles de aprobar) para iniciarse en este campo. Si te interesa la relación entre moléculas y salud, dedícate a la farmacología o a la genética. Si te interesa la relación entre alimentos y salud, estudia nutrición.

Es cierto que los médicos están en una posición más adecuada para conducir investigaciones sobre terapéutica, pero a ti no te interesa firmar veinte recetas cada mañana, sino, jugar con moléculas y genes. En vez de medicina, estudia una carrera de ciencias y asóciate con doctoras que puedan darte acceso a hospitales y laboratorios.

Pasa unos meses husmeando en las revistas científicas de PLOS, Nature o Cell. ¿Que no entiendes inglés? Ya tienes una buena excusa para aprenderlo; recuerda que saber otro idioma es un requisito para titularte en el Perú. Si quieres leer sobre investigación médica en español, comienza con el último número de la Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública o busca una equivalente en tu país.

Asiste a eventos científicos en tu ciudad. Si quieres conocer los próximos, busca «congreso [carrera] [ciudad]» o «jornada científica» en Facebook, o pregunta en las facultades universitarias. Ni siquiera tienes que ser alumna, siempre que puedas pagar la entrada a dichos eventos.

Aprende lo básico sobre investigación en pregrado con este curso corto del Mg. Antonio Quispe. También te sugiero este otro de Conducta Responsable en Investigación. Aprende también sobre las fases del desarrollo de los fármacos y sobre herramientas bioinformáticas de acceso libre.

Quiero quedar bien con mi familia

Ay, la familia.

Si me preguntabas en el colegio, te habría dicho que mi profesión sería la ingeniería de sistemas, algo con muchísimo sentido porque me encantaba (y me encanta) trabajar con computadoras. A los quince sabía ya algo de HTML y Visual Basic. Iba a cursos de ofimática y ensamblaje en el verano. Probaba todo tipo de programas en la pasokon de mi familia. Con un libro de programación o teoría de sistemas habría sido muy feliz.

Por el contrario, salvo unas vacaciones de quince días por una apendicitis perforada a los once años y alguna que otra visita a familiares, carecía de la costumbre de frecuentar hospitales. En el fondo, quería (y quiero) evitarlos a toda costa, especialmente luego de la apendicitis (y de vacunas y dentistas que me hicieron llorar en mi infancia).

Aunque nadie en mi familia se dedicaba a la medicina, de alguna forma sentí que me empujaban a ese mundo. Quizá a mis padres no les hacía gracia la ingeniería. No sé. El por qué acepté estudiar medicina forma parte de un conflicto que, por mi propia paz, ni recuerdo por completo ni quiero recordar.

La medicina va a consumir, al menos, una década de tu vida.

Por supuesto, tendrás mucho tiempo después… ¿o no? Nuestra esperanza de vida ronda los 75 años, y es posible que estés leyéndome cuando hayas vivido ya un quinto o un cuarto de ese tiempo.

Gastarse diez años en cosas que no te nacen para complacer a tu familia es re-agotador, especialmente cuando no tienes experiencia previa ni la inclinación para adquirirla.

Una carrera debería interesarte lo suficiente como para que vayas a clases la mayor parte del ciclo y se te quede algo más que el primer capítulo del libro de texto cuando lleguen las vacaciones. Incluso si has olvidado algo que «ya deberías saber» porque lo aprobaste en su momento, volverás a repasarlo con entusiasmo para asimilarlo como se debe.

Sin un interés visceral por el examen clínico y la anamnesis, piedras angulares de cualquier acto médico, ¿qué caso tiene llevar cursos de medicina interna y cirugía con prácticas hospitalarias? Ninguno, a no ser que quieras vivir de aplazado en aplazado y pagar matrículas cada vez más caras por repetir cursos una, dos y tres veces, usando dinero que tú no has ganado y creyendo que el esfuerzo de tu familia genera ingresos infinitos.

Ten en cuenta también que en medicina no puedes permitirte hacer las cosas a medias o de mala gana, ni cometer errores, porque con esa actitud estarías condenando a muerte a personas inocentes. De nada sirve decirle a tu madre que te va bien en la facultad si solo eres un estorbo en el quirófano, con el riesgo respectivo para la bioseguridad y los signos vitales del paciente.

¿De verdad quieres matar tu felicidad, tu futuro y tu libertad?

La vida adulta no se trata tanto de tener un título universitario para contentar a tus abuelos (que, si te lo sacas, chévere), sino de ser útil a las personas, adquirir prestigio y dar tu esfuerzo para construir y recibir prosperidad. Aunque nuestras familias tienen sus propias opiniones sobre lo más conveniente para el futuro y la vejez, tu vida es tuya, y eres la principal responsable de los términos en los que eliges vivirla cada día.

Quiero aprender a tratar a las personas

Como alguien que quiso entrar a medicina para que otros le enseñaran los principios del buen trato, puedo decirte que aquí más que nunca se cumple eso de que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga».

El buen trato depende mucho de tus valores y creencias, del estilo que ya tienes para relacionarte con los demás. Se requieren ciertos hábitos y, más importante, ciertas creencias en las que se anclarán estos hábitos, creencias sobre cómo lidiar con las personas y con sus problemas.

El detalle es que la universidad no te enseñará lo que no te enseñaron en casa.

De hecho, la universidad no te enseñará nada.

No te enseñará cómo estudiar, ni cómo funciona un hospital, ni cómo abordar a un paciente de principio a fin. Todo eso se aprende sobre la marcha o durante el internado, y requiere un interés especial de la alumna, interés por integrarse lo antes posible al personal asistencial, interés por ayudar a la gente con problemas de salud y vocación para cuidar a otro ser humano.

Lo de la vocación de cuidado es algo muy serio. Muchos de nosotros cuidaríamos de animales abandonados (por ternura), o de nuestras hijas y familiares (por gratitud), pero ¿qué hay de cuidar y atender a alguien que no pertenece a tu círculo cercano? Si lo harías sin pestañear, esta es tu profesión. Si, en cambio, te lo piensas por más de treinta segundos… tenemos un problema.

Si eres muy sociable, por supuesto, no te supondrá problema alguno ir a importunar a los pacientes, de hecho, tú percibirás que irás para ayudarles a pasar un buen rato a la par que aprendes de ellos.

El problema es para quienes somos huraños y más dados al individualismo y al pragmatismo. El problema es para quienes preferimos que sean otros los encargados del cuidado y nos identificamos más con el desempeño de actividades creativas, de liderazgo o de provisión de recursos.

La medicina no es carrera para quienes preferimos dejar en paz a la gente y evitamos meternos en líos ajenos, actitudes muy inconvenientes en una profesión en la que tienes que relacionarte con personas de toda condición y en la que los roces con tus colegas y con otra gente que no cumple con su trabajo son el pan de cada día.

Muchos dirán que es cuestión de acostumbrarse y, sí, es posible que te acostumbres… y te conviertas en una doctora malagracia del montón. Si eso quieres o crees que tendrás tiempo para aprender a tratar a la gente, adelante.

Muchos docentes hablan de buen trato, es verdad. También llevarás un curso de psicología y otro de antropología, en los que (se supone que) te familiarizarás con la condición humana. Pero el buen trato no se aprende leyendo libros ni escuchando a los profesores, sino relacionándote con personas día a día. Además, ¿crees que los médicos tienen un trato excepcional con sus pacientes?

No.

Hay mucha indiferencia en el trato médico, que a su vez deriva de un sistema de atención engorroso que los tiene sometidos (revisa los puntos anteriores) y que el resto de los mortales ignora. Es cierto que muchos doctores te tratan bien… pero porque tratan bien a todo el mundo, o son compatibles con tu personalidad. Por último, ser médico implica aprender a ignorar el dolor ajeno, con tal de colocar inyecciones y sondas, recomponer huesos o ir a dictar una clase mientras la paciente de la sala de al lado llora por el dolor precedente a su primer parto.

Si lo que de verdad quieres es curar tu timidez y volverte sociable para tener un millón de amigos y encontrar el amor, lee Domina el método en 30 días de Neil Strauss y Cómo hacer amigos e influir sobre las personas de Dale Carnegie. Busca asesoría psicológica o psiquiátrica si la depresión o la ansiedad te tienen acorralada y necesitas un empujón. Acostúmbrate a practicar la amabilidad con otras personas, a iniciar y mantener una conversación y a desenvolverte con el sexo opuesto.

Cuando tu vida social te traiga más satisfacciones que dudas, estarás lista para buscar la forma de practicar en un hospital y, con ello, evaluar si la carrera de medicina es para ti.

¿No he conseguido disuadirte?

Vaya que eres una persona muy obstinada.

Como se puede decir de cualquier otra actividad, la medicina requiere cierto tipo de vocación que no tiene todo el mundo. Es una carrera que recomiendo solo para personas con un propósito fuerte de resolver los problemas de salud de los demás a través del sistema de salud actual, de acuerdo con los fines de la medicina y mediante actividades de promoción-prevención, recuperación o rehabilitación.

Cualquier otra cosa es, o incompatible con la carrera o enloquecedoramente difícil.

Si tienes un perfil más bien aventurero, si te gusta crear y probar cosas nuevas cada dos por tres, lees todo tipo de libros (especialmente fuera de la medicina), te encanta viajar a menudo, tienes un proyecto B que te hace ilusión lanzar… tarde o temprano sentirás una gran frustración como intentes hacer todo en paralelo con la medicina, y la manera cómo la afrontes determinará si te sacas el codiciado título o no.

Por supuesto, de repente no te interesa la libertad de una vida cognómada, y no pasa nada; al contrario, es lo mejor que podría pasarte si aspiras a trabajar para nuestro sistema de salud.

Si, a pesar de todo, sigues afirmando que quieres postular a medicina humana y que los argumentos de un tipejo pocacosa que desertó de la universidad no van a cambiar tu opinión, ¡me parece fantástico! Cada quien está en su derecho de elegir el camino que se le dé la gana, incluso de cometer sus propios errores. De eso se trata la libertad adulta, ¿cierto? De probar, de equivocarse, de responsabilizarse y de seguir adelante.

En un momento en el que los medios venden más pánico que de costumbre y nuestros gobiernos han perdido el norte, necesitamos más que nunca mujeres y hombres dispuestos a inspirar, a emprender y a aportar soluciones a los demás mediante la consecución de sus sueños, cualquiera sea la actividad que elijan.

Te deseo muchos éxitos y una carrera prometedora.


Imagen de cabecera: Nurse Hospital Halloween de Victoria_Borodinova se usa conforme a la licencia Pixabay.

Cita este artículo (NLM) como:
Vera-Palomino E. Razones para no estudiar medicina [Internet]. Ica (Perú): Mirimiri; 2020 ago 31 [actualizado 2020 oct 6, citado aaaa mmm d]. Disponible en: https://mirimiri.xyz/razones-para-no-estudiar-medicina/.

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