¿Cómo es la carrera de medicina humana? ¿De verdad es difícil?

Las características de la carrera de medicina varían según la universidad a la que te presentes y el país en el que te encuentres, pues cada institución tiene su propia malla curricular —que, a su vez, se relaciona con el acceso a laboratorios, hospitales y personal docente capacitado— y cada Estado impone sus propias condiciones en ámbitos como las prácticas preprofesionales y el proceso de obtención del título.

Sin embargo, es posible enunciar algunas coincidencias:

  • Se lee muchísimo material especializado, quizá más que en otras carreras. Por ejemplo, un biólogo no tiene la obligación de conocer detalladamente la estructura y función de cada una de las millones de especies que existen en la naturaleza. Un abogado tampoco tiene por qué entretenerse con temas ajenos al derecho, el cual tampoco requiere conocimientos previos tan complicados.
  • Se incide mucho en una perspectiva biomédica. Mucho más de lo que nos gustaría. Buena parte de los tratamientos actuales consisten en administrar moléculas que van a actuar sobre sistemas celulares y moleculares. Es verdad que se estudia la condición humana en materias como psicología y salud comunitaria (que para muchos son menos importantes o emocionantes que la clínica), pero se echa de menos una formación sólida en economía (motivo frecuente de preocupación en ambos lados del estetoscopio) o política (porque son los burócratas, no los especialistas, los que toman las decisiones sobre salud pública).
  • Sí, se hace prácticas con cadáveres, pues son una ayuda valiosísima para el aprendizaje de la anatomía. Eso sí, pregunta en el anfiteatro si tendrás antes clases de disección (uso del bisturí, de las pinzas y tijeras y de otros instrumentos, así como la forma correcta de cogerlos).
  • Además, hay prácticas con animales en los cursos de farmacología y cirugía. En algunos países no se permiten. En otros, es necesario que la universidad tenga un comité de ética. La clandestinidad termina siendo el refugio de muchos. Aparte, conseguir ciertos fármacos, como los anestésicos o ciertos antibióticos, es complicado sin una red de contactos en los hospitales.
  • Hay una división entre ciencias básicas y ciencias clínicas. Además de los ¿inútiles? estudios generales propios de todas las carreras, hay dos mitades más o menos bien definidas: las ciencias básicas, que son el sustento teórico sobre la estructura y función del cuerpo humano, y las clínicas, donde se estudian las enfermedades en sí y sus métodos de diagnóstico y tratamiento. Lo que puede cambiar es el orden de los temas y la profundidad con la que se tratan. El punto de inflexión suele ser el comienzo de las prácticas hospitalarias con pacientes.

Según tu centro de estudios y según lo rápido y bien que puedas aprobar los cursos, el estudio de la medicina humana consumirá más o menos años de tu vida.

Es posible que, dependiendo del contexto y de tus motivaciones particulares, llegue el momento en el que nada parezca tener sentido alguno y creas que los docentes solo están para molestar con sus exposiciones, tareas, guías prácticas y memorización de mil cosas sin conexión.

Estudiar la carrera de medicina implica soportar una gran cantidad de tensión y estrés que no todo el mundo está dispuesto a enfrentar.

Todos hemos tenido días malos en la facultad.

Sin embargo, si sientes en tu corazón que es allí donde quieres permanecer, déjalos ir con el atardecer, disfruta cada momento, y esfuérzate al máximo.

La medicina como carrera

La verdadera medicina llegará cuando ingreses a la fase clínica de tu entrenamiento.

Una vez allí, te enseñarán a aplicar todo el conocimiento que habrás acumulado durante los últimos años en la formulación de hipótesis para responder preguntas como ¿por qué esta señora tiene tos? ¿Por qué a esta niña le duele el estómago? ¿Por qué este señor tiene escalofríos, fiebre y sudor cada tercer día mientras que el otro tiene los mismos síntomas cada cuarto día?

Cuando llegue ese momento, que sin duda ha de ser emocionante para ti, aprenderás a rellenar un formulario muy lindo llamado «Historia clínica». En ese proceso aprenderás a preguntar a los pacientes sobre su enfermedad actual, las características de sus síntomas y los hechos del pasado y del presente que podrían influir en su salud actual.

Aprenderás a examinarlos de la cabeza a los pies. Conocerás las técnicas para medir los signos vitales y mil técnicas más para buscar señales que te hagan pensar en hipótesis de diagnóstico más precisas mediante la revisión del cuerpo del paciente, el empleo de instrumentos simples como un reloj de pulsera, una linterna, un martillito, dos ojos, dos orejas, dos manos y un cerebro, y el auxilio de pruebas como un hemograma, un electrocardiograma, una placa de tórax y otras de laboratorio y de imagen.

A medida que avances con la medicina interna, aprenderás a organizar todos estos datos para formular un diagnóstico preciso, a partir del cual podrás establecer un plan terapéutico que solucione el problema del paciente. Te familiarizarás con las diferentes técnicas farmacológicas, quirúrgicas, de rehabilitación y otras más, y recordarás las necesidades especiales que presentan los niños, los ancianos, las mujeres y otros grupos humanos según sus diferencias o alteraciones fisiológicas, genéticas o patológicas.

Así pues, aprenderás a emplear con sabiduría los recursos técnicos disponibles en la actualidad y en tu contexto particular para la curación y el cuidado de las personas. Para ello necesitarás todo el conocimiento que deberías adquirir en ciencias básicas.

Necesitarás la anatomía para describir cada parte del cuerpo humano con propiedad, la embriología para entender cómo un simple punto se transforma en un organismo completo y la histología para reconocer la organización microscópica de los órganos y sistemas visibles. Esta última también te ayudará a comprender mejor la fisiología, el estudio del funcionamiento de tu interior, de cómo este mantiene su propio equilibrio, el cual se aprecia en los niveles celular y molecular.

La bioquímica te explicará las reacciones químicas que ocurren dentro del cuerpo para convertir la comida y el aire en energía, bloques para mantener y reparar el cuerpo y otro montón de sustancias raras para que siga funcionando. Sería bueno que también te expliquen sobre aquellas que convierten el amor en esa irresistible pasión, en ese desbordante deseo que se transforma en una sensación de poder ilimitado para enfrentar las circunstancias al lado de esa persona especial.

Solamente con un correcto entendimiento bioquímico y fisiológico podrás comprender la farmacología, que estudia las diferentes sustancias (que, al final de cuentas, son moléculas) a las que se recurre con el propósito de reparar o regular algún sistema que podría estar causando molestias. También aprenderás a interpretar los resultados de los diferentes exámenes de laboratorio y te darás cuenta de que la normalidad es una ilusión: en medicina, nada es exacto, y los valores normales no acuden al hospital. De hecho, lo que en medicina se define como «normal» es, casi siempre, un intervalo de límites más o menos definidos para una variable continua.

Por último, necesitarás la patología para comprender cómo reaccionan las células y los tejidos ante los desperfectos. Entenderás que la enfermedad surge a partir de una desviación problemática de la normalidad y que tiene una causa determinada, que puede ser una mutación, la falta o el exceso de una sustancia que ni siquiera sabes que existe, o una lesión cualquiera.

En patología verás que las enfermedades «tienen una causa». Incluso si una persona está «poseída por un demonio», pues este actuaría sobre algún mecanismo regulatorio natural probablemente ya conocido y estudiado.

Hay una secuencia de hechos desde la alteración inicial en el nivel molecular hasta su manifestación en forma de signos y síntomas conocidos como tos, fiebre, dolor, malestar, etc. ¿Qué causa una enfermedad? Puede tratarse de una intoxicación, una carencia, una caída, etc. Si el agente causal es otro ser vivo o algún otro tipo de germen, lo estudiarás con mayor detenimiento en los cursos de microbiología y parasitología.

Luego de todo ello, es necesario que entiendas que la medicina se ocupa de personas reales, como tú o como yo. Personas que comemos, respiramos, amamos, trabajamos, soñamos, albergamos esperanzas, somos parte de una sociedad y recibimos la influencia del entorno natural, de la deriva socioeconómica, de las expectativas que tenemos de nosotros y de las expectativas que otros tienen de nosotros.

Todo eso se altera cuando estamos enfermos.

La protección de la salud es un derecho constitucional en muchos países, donde el Estado se atribuye el deber de garantizar la disponibilidad y el acceso universal y barato (o gratuito) de sus habitantes a estos servicios. (Que lo consiga o que entorpezca la actuación del sector privado por razones ideológicas ya es otro cantar.) Por ello, en la carrera de medicina también deberías familiarizarte con los diferentes sistemas de prestación de servicios de salud.

También deberías conocer las diferentes estrategias nacionales y regionales de promoción de hábitos saludables y de prevención de aquellas cosas que se pueden prevenir, porque siempre es mejor que las personas vivan sanas y felices, con la capacidad de perseguir su propio sentido de la vida y desenvolverse adecuadamente en la realidad, ¿no?

¿Estudiar medicina es tan difícil como dicen?

La respuesta corta es que sí, pero te aseguro que no más que la física cuántica.

Piénsalo de este modo: ¿qué hace un médico? Curar males.

Los males humanos son un conjunto prácticamente infinito, desde los más evidentes como las heridas y lesiones de guerrilla hasta los más esquivos como la depresión mayor, pasando por los polémicos como el autismo y la disforia de género. Las técnicas para diagnosticarlos y manejarlos, además de ajustarse al mal como tal, dependen de las características del paciente y de los recursos que el profesional tiene a la mano.

El estudio de la carrera de medicina requiere un gran esfuerzo intelectual, pues vas a estudiar el cuerpo humano detalladamente y desde diversos puntos de vista, por lo que tener el hábito de la lectura y una memoria entrenada es una gran ventaja. No vas a estudiar todas las enfermedades que existen, pero sí las más representativas, que de por sí requieren un conjunto amplísimo de conocimientos. Lo mismo aplica para los medicamentos de la farmacia o las técnicas de cirugía.

Recuerda que más importante que conocer enfermedades o fármacos es desarrollar el razonamiento clínico, ese que te va a permitir identificar el problema de cualquier paciente que se te presente. Sin embargo, forzosamente deberás adquirir primero esa familiaridad con cada órgano, cada función y cada detalle del cuerpo humano y de los elementos externos con los que interactúa. En todo eso se irán tus primeros años de carrera.

Durante el último siglo, la tendencia ha sido identificar las bases fisiológicas, genéticas y moleculares de las enfermedades y tratarlas en ese nivel, de ahí que la mayoría de los medicamentos modernos sean moléculas. Por lo tanto, al principio del camino te tocará adquirir una comprensión cabal de las leyes físicas y químicas conocidas de nuestro mundo y de cómo estas rigen las interacciones entre moléculas, células, tejidos y órganos, se encuentren estos cercanos o distantes.

Puede parecerte difícil al comienzo y, no nos engañemos, los libros de medicina son unos tochos infumables con sus miles de páginas, pero al final del semestre solo te quedarás con unas pocas ideas clave que te permitirán interpretar las asignaturas más avanzadas.

Cuando la gente dice que estudiar medicina es difícil, generalmente se refiere al hecho de hincar los codos para leer libros más gordos que la biblia con nombres de moléculas que jamás terminas de aprender a pronunciar.

¡No te equivoques! Sí o sí te tiene que gustar leer y estudiar para disponerte a la adquisición del amplísimo caudal de conocimientos necesarios para desarrollar el ansiado razonamiento clínico. Es lo que harás intensivamente durante la carrera. Es lo que harás cada cierto tiempo para actualizarte por el resto de tus días.

¿Y si no te gusta leer? Tranquila, porque no es lo único importante.

Hay otras dificultades subestimadas en la carrera de medicina.

¿Qué tan manitas eres? ¿Sabes coser? ¿Tienes buen pulso o manos de mantequilla?

Necesitas tener destreza manual para realizar muchos procedimientos, como poner inyecciones y sondas, manipular instrumentos, limpiar y suturar heridas, reducir fracturas y colocar vendas, etc. Aunque no lo creas, saber hacer todo eso cuesta horrores y requiere, además de muchísima práctica, seguridad en uno mismo y cierta velocidad (porque en el hospital no estás para hacer perder tiempo al resto).

Además, necesitas saber tratar a la gente, y para eso tienes que quitarte la timidez y el egocentrismo. El primer paso de todo proceso de diagnóstico es preguntar, así que más te vale saber hacer las preguntas correctas y convencer al paciente (y a sus familiares) para que las respuestas sean las verdaderas. Necesitas irradiar confianza para que confíen en tu tratamiento y no lo abandonen ante el primer chisme de la casera del mercado que les dice que esa enfermedad se cura con cuatro hierbas.

Una última que se me ocurre también tiene que ver con las relaciones humanas. Para trabajar en un hospital hace falta tener concentraciones elevadas de espabilismo.

Pareciera que en las universidades se enseña desde la presunción de que estos temas ya los traes de casa.

Es posible que los docentes, en lugar de enfocarse en los aspectos más prácticos de la carrera de medicina (sobre todo en los cursos de básicas), se muestren más interesados en que memorices los veinte mecanismos de acción del calcio, en que expongas tú las clases con la excusa de «el alumno debe traer la clase preparada», en que atiendas sus diapositivas llenas de texto porque de allí vendrá el parcial, en tenerte parada como un maniquí durante sus muy productivas «rotaciones clínicas» o en hacerse los difíciles para jalarte simplemente por placer.

Probablemente tus compañeros, o tú, tenderán a aprender las cosas de manera desordenada, o simplemente harán lo necesario para aprobar los cursos, sacrificando con ello el aprendizaje integral por un resultado apenas mayor al aprobado. (Yo me declaro culpable.)

Lo cierto es que eso depende tanto del sistema de formación de tu universidad como del empeño que ponen los alumnos para aprender medicina, pero la de verdad, la que se usa en la comunidad, la que consiste en promover salud y prevenir enfermedades, aliviar el dolor y el sufrimiento, curar a los enfermos y cuidar a los incurables, y evitar las muertes prematuras. (Eso es lo que propone el Informe Hastings.)

Considero que decirlo es totalmente necesario. No siempre explican estas cosas cuando se ingresa a la carrera de medicina. En cualquier caso, es lo que me habría gustado escuchar en su tiempo.

Nada de eso importará cuando tengas que enfrentarte a un paciente que espera de ti que le ayudes, que calmes su dolor y sufrimiento. A pesar de todas las cosas difíciles que acabo de mencionar, sabrás que ese es tu lugar si encuentras tu propia forma de aprender y de aplicar la medicina y logras que esa persona se despida de ti con una sonrisa.


Comunicación personal del 5 de octubre de 2014, corregida y adaptada para su publicación.

Imagen de cabecera: Hospital Medicine Health de Линар [translit. «Linar»] se usa conforme a la licencia Pixabay.

Cita este artículo (NLM) como:
Vera-Palomino E. ¿Cómo es la carrera de medicina humana? ¿De verdad es difícil? [Internet]. Ica (Perú): Mirimiri; 2020 ago 30 [actualizado 2021 jun 19, citado 2021 jul 23]. Disponible en: https://mirimiri.xyz/que-hay-en-medicina-humana/.

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