Farmacología

La farmacología es la rama de la terapéutica que se ocupa de estudiar las propiedades y aplicaciones de diferentes sustancias con fines terapéuticos, y también como ayuda al diagnóstico. Hay un montón de estas sustancias en la farmacia más cercana a tu casa, y muchísimas más en los laboratorios y en la naturaleza.

Desde siempre, las personas intentaron curar sus enfermedades recurriendo a los dioses, a las oraciones, a la magia, y también a las hierbas. La digital, la quinina, el opio y muchas otras plantas han dado origen a medicamentos que todavía se usan. Sin embargo, llegó un momento en el cual la naturaleza no era suficiente, y se comenzó a recurrir a la síntesis de diferentes moléculas para tratar ciertas molestias. Allí tienes al ácido acetilsalicílico, al paracetamol, a las sulfamidas…

Si no es suficiente usar los compuestos derivados de materia orgánica, como la insulina o la tiroxina, es posible modificarla en el laboratorio para crear compuestos más seguros y con propiedades más favorables. Lo mismo para los medicamentos actuales, con cambiar un par de enlaces químicos ya se tiene un producto nuevo. (Las farmacéuticas lo hacen a cada rato.) La terapia génica es el siguiente paso, y pronto será tan común como ir a la farmacia a comprar un diclofenaco.

En farmacología, conocerás las propiedades relevantes de cada una de estas sustancias (llamadas «fármacos») y cómo estas se modifican con la edad, el sexo, el peso, la distribución de la grasa corporal y tantos otros factores. Además, sabrás en qué casos se pueden emplear los fármacos, en qué casos prescindir de ellos, qué efectos secundarios y reacciones adversas se pueden observar y qué interacciones medicamentosas se pueden presentar (algo muy importante en personas polimedicadas debido a sus enfermedades crónicas). También reconocerás las dosis, formas de presentación y vías de administración más adecuadas para administrar estas sustancias.

La fitoterapia puede ser efectiva y se enseña en algunos lugares (con sus respectivas bases cientificas, claro). Sin embargo, las sustancias a estudiar en farmacología son moléculas, es decir, son más pequeñas que un punto y actuarán en espacios igualmente reducidos.

Por eso, conviene familiarizarse con el concepto de mecanismo de acción de un fármaco: aquel proceso o reacción en el nivel molecular sobre el cual actuará el fármaco para modificar alguna secuencia bioquímica, fisiológica o patológica. El efecto es el resultado en los niveles celular y orgánico.

Por ejemplo: el mecanismo de acción del paracetamol es inhibir las ciclooxigenasas 1 y 2 (COX-1 y COX-2); la acción será la disminución de la síntesis de prostaglandinas, como la PGE2 que es un pirógeno endógeno; y el efecto será la disminución de una temperatura corporal alta. Tras este enunciado se esconde el mecanismo de regulación de la temperatura corporal cuando ocurre una infección, inflamación, neoplasia u otras circunstancias; esta regulación es lo que se busca modificar. De ahí la importancia de tener una muy buena base fisiológica y bioquímica.

Por cierto, a lo que acabo de referirme con el ejemplo de arriba es a la farmacodinámica: estudio de «lo que el fármaco le hace al cuerpo»; es decir, los mecanismos de acción y los efectos en los niveles molecular, celular, tisular, sistémico y orgánico.

El fármaco no va a llegar solo al lugar del organismo donde se le necesita, ni va a permanecer toda la vida allí. Existe una secuencia establecida de absorción, distribución, metabolismo y excreción. Esto es la farmacocinética: estudio de «lo que el cuerpo le hace al fármaco».

Este va a ingresar al organismo contenido en una determinada forma de presentación (tableta, jarabe, ampolla, etc.) y mediante una vía de administración (oral, intramuscular, intravenosa, o cualquier puerta de entrada). Cuando el medicamento se libera de la forma de presentación, debe atravesar diferentes barreras, según la vía de administración, para llegar al torrente sanguíneo. A esto se le conoce como absorción.

El fármaco se distribuye por todo el organismo a través del la sangre, y hacia los líquidos intersticial e intracelular. En gran parte va unido de manera reversible a proteínas plasmáticas de transporte como la albúmina, otra proporción circulará como fármaco libre. Es en esta última forma que suele llegar a su sito de acción. A la proporción del fármaco que consigue llegar al torrente sanguíneo se le conoce como biodisponibilidad; al tiempo en que su concentración plasmática disminuye a la mitad se le conoce como semivida.

En cuanto al metabolismo, se refiere a las reacciones de transformación de los fármacos, las que pueden generar compuestos más eficaces (en ocasiones, lo que se administra es un «profármaco» que se convierte en su forma activa mediante el metabolismo hepático) o formar compuestos más fáciles de excretar.

Es importante entender el metabolismo hepático de los fármacos que se administran por vía oral, pues este va a determinar su posterior biodisponibilidad. Además, en ocasiones, este metabolismo puede generar sustancias tóxicas problemáticas. En particular, allí está la explicación de por qué no conviene dar ciertos medicamentos como el paracetamol por más de dos semanas, ni excederse con las dosis recomendadas por el médico.

En cuanto a la excreción, consiste en la eliminación de los metabolitos hacia el exterior del organismo. Es importante conocer la depuración renal del fármaco; en situaciones como la insuficiencia renal esta se ve alterada y puede condicionar su posible administración.

La depuración, la biodisponibilidad, la semivida y el volumen de distribución te permitirán adaptar el régimen de dosificaciones; es decir, cada cuánto tempo y cuánto de fármaco vas a administrar a una persona en particular, pues algunos fármacos deben administrarse con cuidado (como la digoxina, los aminoglucósidos, los antineoplásicos, los antiarrítmicos, los anticonvulsivos y otros más).

Cuando asimiles este pensamiento farmacológico, estarás listo para conocer los distintos grupos de fármacos que existen en la actualidad.

Verás que la farmacología dispone de un arsenal muy amplio. Hay fármacos para el control de procesos como la fiebre, el dolor, la inflamación, la presión arterial alta y baja, la diuresis, la acción de los autacoides (prostaglandinas, histamina…), las hormonas (insulina, esteroides…) y los neurotransmisores (acetilcolina, adrenalina, serotonina, etc.), las reacciones metabólicas, las infecciones por virus, bacterias y parásitos, y un montón de cosas más. Para cada uno de estos grupos, procura tener claras todas estas propiedades y relacionarlas con las funciones normales del organismo.

Lo ideal es que se corrija la anomalía que causa la enfermedad, algo no siempre posible. Recuerda que para males como el SIDA, la diabetes, las enfermedades neurodegenerativas y muchos más todavía no se dispone de una cura definitiva. Los fármacos retrovirales, los hipoglucémiantes y otras sustancias solo ayudan a retrasar la evolución de la enfermedad, con tal de darle al paciente una oportunidad para seguir disfrutando su vida; eventualmente, el organismo terminará por volverse resistente a los fármacos.

Recuerda que la farmacología no se trata de memorizar la vida, obra y milagros de los antiarrítmicos de clase IV, ni nada parecido. El propósito es que, en algún momento, cuando ya tengas un diagnóstico claro, puedas establecer las medidas respectivas y determinar cuáles son las sustancias apropiadas para el caso, con su respectiva posología, dosis, forma de presentación y vía de administración.

Es más, se trata de algo tan importante que merece repetirse: tan o más importante que saber las propiedades de una sustancia es saber cómo prescribirla. Deberías aprender cómo seleccionar el medicamento apropiado y cuál es el propósito de hacerlo así; también cuáles serán los tratamientos de primera elección que emplearás para las situaciones más comunes con las que te encuentres.

Si quieres relacionar los libros de farmacología con algo práctico y no quieres esperar a llegar a medicina interna (donde sí verás esquemas de tratamiento para las enfermedades), estudia cómo actúan los medicamentos de un botiquín de emergencias y los que suelen tomar tus familiares.

Invierte tiempo en aprender a escribir una receta médica, y a escribirla en español legible, no en árabe precoránico. Ya sé que el médico rellena un montón de papeles en la consulta real y que rellenar una receta en diez segundos con buena letra no es de lo más sexy, pero es lo que hay, lo siento. Además, tienes que informar a tu paciente (o a su acompañante) acerca de los beneficios y riesgos de tu tratamiento y los resultados esperables, y hacerlo en pocas líneas porque las consultas no duran todo lo que a uno le gustaría.

Libros recomendados

Si tuviera que quedarme con un solo libro, aunque más por razones subjetivas, sería Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica. Es, hasta la fecha, lo más difícil y desesperante que alguna vez he leído en mi vida, pero una vez le coges el truco, ya te sientes preparada para atreverte incluso con uno de física cuántica.

(La verdad es que, al igual que con cualquier otro tratado farmacológico, lo aprovecharás mejor si ya dominas fisiología, bioquímica y genética. Lo que pasa es que servidor es un dramático.)

Existe una traducción al español de la decimotercera edición del Goodman, pero me parece que la de la duodécima se entiende mejor (en serio, busca las dos ediciones, intenta leer el mismo capítulo en cada una y ya me dirás), por eso la coloco aquí. Por supuesto, también puedes usar otro libro que te resulte más comprensible. Lo importante es que presente los mecanismos de acción y la información farmacocinética básica de los distintos grupos de fármacos.

El libro Medical Pharmacology at a Glance de M. J. Neal explica cada grupò de fármacos en dos páginas, con su respectivo esquema de colores con los mecanismos de acción. Viene bien para un repaso rápido. Búscalo en español como Farmacología médica en esquemas. El de biofarmacia lo puedes dejar por si estás aburrida y quieres practicar ejercicios de farmacocinética (y maldecir a tu profesor de matemáticas si no entiendes para qué sirven tantas integrales).

Otro libro que recomiendo porque te enseñará una habilidad que te servirá toda la vida es la Guía de la buena prescripción de la Organización Mundial de la Salud. Como indica su título, aborda los aspectos a tener en cuenta para establecer un buen tratamiento, escribir una buena receta y realizar el seguimiento del paciente. Además, es gratuito, se lee en un par de horas y lo puedes entender incluso si estás en tu primer día de primer año.

Recursos adicionales

  • Videocurso de Farmacología básica de la Fundación Universitaria San Pablo CEU. Una introducción rápida (poco menos de seis horas) de los principales conceptos que se manejan en la asignatura y las consideraciones a tener presentes para el uso de los fármacos en general. Disponible en: https://www.youtube.com/playlist?list=PLMrw96kc2upSFRAmm9BTPH0BVwveL2E3m

Imagen de cabecera: Pharmacology de Sherman Geronimo-Tan se usa conforme a la licencia Creative Commons Atribución 2.0.

Cita este artículo (NLM) como:
Vera-Palomino E. Farmacología [Internet]. Ica (Perú): Mirimiri; 2020 ago 31 [actualizado 2021 mar 2, citado 2021 abr 19]. Disponible en: https://mirimiri.xyz/farmacologia/.

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